Agenda Cultural UPVràdio 1×02

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Muevan los hilos

Xavi Ruiz // Diciembre de 2016

¿Se imaginan un país donde el Estado atente una y otra vez contra la cultura? Exacto. Los cantantes Pablo Hasél y Cíniko declararon el pasado 23 de noviembre en un juicio por supuestas amenazas al alcalde de Lleida en una canción. La denuncia fue interpuesta en 2014. El alcalde, Àngel Ros, compareció en el juicio sin preocupación alguna por su vida.

El juicio rozó lo absurdo cuando el propio alcalde declaró que se sintió “mal, pero en ningún momento amenazado” al escuchar la canción en cuestión. Pero este proceso, como la mayoría de los relacionados con artistas, tiene un objetivo muy claro: la represión cultural.

La línea entre denuncia social y enaltecimiento del terrorismo es, para algunos, más fina que un hilo de marioneta en una plaza del barrio de Tetuán. El Estado, cuando se ve amenazado, recurre a la represión, y sobreactuaciones como la que afecta a Pablo Hasél son una herramienta más de la maquinaria del miedo.

No es casualidad que la Policía Nacional reprima a porrazos, en 2012, a unos alumnos del instituto Lluís Vives en València por sentarse en medio de una calle a protestar por una educación digna. No lo es tampoco que se censure a El Jueves por hacer una caricatura de lo evidente. Como decía Manel Fontdevila, autor de la famosa portada censurada: “Si están blindados ante los jueces, ¿cómo no van a estar blindados ante un chiste?”.

Un chiste, una rima, una sentada, un acto teatral… Cualquier desafío a la cultura hegemónica es incómodo para el poder, y las manifestaciones artísticas son, y siempre han sido, un grano en el culo para los encargados de velar por la seguridad de los de arriba.

Ahora, si es necesario atajar de esta forma estos “conatos de revolución”, que baje su dios y lo vea.

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Día 21 (foto-finish)

La verdad es que no sé cómo lo hacía Samantha Villar. Bueno sí, le pagaban, pero vaya pereza esto de hacer el diario cada día.

Creo que debería haberme imaginado que la palabra “diario” quería decir que se hace todos los días (un despiste lo tiene cualquiera), pero ya acabando esto tengo que decir que tampoco ha estado tan mal. La mayoría de los días me daba palo hacerlo y, al final, cuando dejé de escribir fue también porque esto se había convertido en una especie de obligación me apeteciera más o menos hacerlo, y eso no me gustaba. Así me va a ir en la vida… Os he hecho una imagen explicativa para que os hagáis una idea:

Sense títol

La meta vendría a representar cualquier cosa de las que se consideran positivas en el mundo estudiantil: el compromiso, la dedicación, el esfuerzo, la constancia…

Si alguien todavía se pregunta cómo he acabado el semestre (yo que vosotros no lo haría), tengo que confesar que he aplazado todo lo aplazable, no he entregado todo lo no-entregable y aun así lo he sacado adelante. Más que salvar el semestre, vamos a decir que le he puesto un parche muy muy grande que en el expediente académico no se nota mucho.

Entonces hacemos recopilación de objetivos:

1- Salvar el semestre —> Meh

2- Escribir el diario a diario —> No

3- Recuperar la ilusión por mi futura profesión —> No

4- Ser un estudiante aplicado —> No

5- Resolver algo de cara al futuro —> No

Perfecto entonces. Todo va según lo previsto. Ahora me gustaría relativizar la Curva del Desastre, que se mantiene en un genial punto medio en el que no he resuelto nada pero sigo adelante. Soy como Cepeda, el de OT. Sé que hago las cosas mal, pero hay algo en el mundo que quiere que yo también viva.

Y nada, espero que paséis unas muy buenas Navidades y que tengáis que cumplir las menos obligaciones posibles en vuestras vidas. (Cuidado, esto no significa que dejéis de alimentar a vuestras mascotas, no vayáis a cuidar de vuestros abuelos y no os duchéis en semanas. Si queréis hacer el imbécil, por lo menos que no afecte a nadie más).

Hay que empezar a valorar lo bonito de la libertad. De hacer lo que uno quiere cuando le da la gana. O no hacer nada, que os digo por experiencia que está bastante bien. Y con esto y un bizcocho, feliz 2018. (La tenía pensada desde el principio).

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Quiero dar las gracias y pedir perdón a la vez a toda la gente que ha sido objeto de mofa durante la elaboración de este diario. También darme las gracias y pedirme perdón a mí mismo por escribir cuando y como me da la gana, aunque no sea siempre bueno para mí. Y en especial dar las gracias y pedir perdón a Paula (¡hasta luego!) por animarme a empezar esto y pegarme la chapa para que fuese un poco menos desastre de lo que podría haber sido. Por último, pero no menos importante, gracias y perdón a toda la gente que ha leído esto con más o menos ilusión y ganas, gracias a toda la gente que me ha comentado cosas del diario, me dais un montón de ánimo para seguir haciendo cosas. Y perdón a la gente que hubiese querido leerlo más a menudo y no ha podido. De corazón.

Días 16, 17, 18, 19 y 20 (a la desesperada)

Como dice el título, esta penúltima entrada es totalmente a la deseperada para llegar mañana a la última y hacerla sola, para que parezca que acabar bien le resta importancia al desastre que han sido los últimos días del “diario”. También os he de decir que esta semana ha sido de las más emocionantes del semestre por lo que os voy a contar a continuación:

El lunes hice de cámara en un informativo que rompió todas las expectativas. Los ensayos habían ido como mi compromiso de escribir cada día, así que el día definitivo todo fueron sorpresas. Después de eso, demostré mi arte con el Movie Maker (siempre defenderé a muerte el Movie Maker y el Paint como los programas más infravalorados del Windows) para montar un vídeo que hizo las delicias del respetable en clase, y poca cosa más hasta que llegó el gran día: el martes.

El martes fue el mejor día del semestre. Presentamos en clase unas charlas parecidas a las Ted Talks que fueron de las mejores cosas que hemos hecho en la carrera. Cada uno de los que participaban sacó lo mejor de sí mismo, haciendo cosas muy originales y en general cositas que valía la pena ver. Que las cosas que más me gusten de la carrera no tengan demasiado que ver con el periodismo me hace plantearme una vez más qué hago aquí, pero oye, de todo se puede sacar la parte positiva, y creo que del periodismo también se aprende mucho. Más triste es robar.

Debo hacer aquí una mención especial a Paula (hola por penúltima vez), que vino adrede a ayudarme y lo hizo genial. A la gente le emocionó escuchar nuestra charla, y yo me fui de allí más contento que aquel día que me di cuenta que había puesto 10 euros en la lavadora y al final los puse a secar y los recuperé.

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Y esto fue más o menos el colofón del semestre. A partir de aquí ya no tenía nada mucha emoción, pero todavía quedaba una “práctica-trampa” por entregar.

Quiero aclarar aquí el concepto de práctica-trampa ya que estas fechas, como otras vacaciones cualquiera, son su hábitat natural, y atacan cuando uno menos se lo espera. Una práctica-trampa es aquella cuya fecha de entrega cae en unas fiestas, un puente o cualquier día susceptible de ir borracho a la hora de la entrega. Normalmente no suele ser una faena muy grande, ni vale mucha nota, pero siempre es la que recuerdas como “no llegué a X nota por culpa de aquella práctica”. Ahora, entre semestres, es cuando más proliferan, ya que la sensación de haber terminado ya las asignaturas hace que nos despreocupemos de cualquier cosa relacionada con ellas, y ahí nos pilla la práctica-trampa en un renuncio, a kilómetros del portátil más cercano donde redactar un truño que tenga algo que ver con el tema. El que avisa no es traidor.

Pues eso, hice como buenamente pude mi práctica-trampa y hala, a hacer el loco hasta… EL VIERNES.

Sí, el último día del semestre, ya no se podía ir otro día más a clase, pero después de no haber tenido ni miércoles ni jueves, allí estábamos el viernes por la mañana a rematar la faena como unos campeones. La facultad parecía el lejano oeste, allí no quedaba ni el apuntador, pero, ¿por qué no íbamos a ir nosotros a echar el cierre? Lo mejor de eso fue que estuvimos atentos al sorteo y… ¡SORPRESA! No me tocó una mierda. Lo bueno es que eso significaba que ya no se volvía más a la uni hasta enero, pero a mí lo de la salud nunca me ha convencido. La salud está muy bien, pero yo quiero dinero, no jodas.

Por la tarde empezó a notarse que ya había acabado el semestre cuando estuvimos 10 minutos buscando cómo salir del Mercadona por la puerta del parking, hasta que una amable cajera que nos vio venir de lejos con cara de corredores del laberinto nos dijo por dónde era. Gracias Loli, o Mercedes, o cualquier otro nombre de cajera del Mercadona. (Entre nosotros, yo creo que cuando entran a trabajar les hacen cambiarse el nombre a elegir entre una lista de nombres de señora amable).

Y eso, en el próximo y último hacemos balance de esta mierda.

Ante todo, espíritu navideño.

 

Días 12, 13, 14 y 15 (A ver cómo explico esto…)

Antes que nada, antes incluso de explicaros algo que en absoluto será motivo suficiente para haber dejado de escribir durante una semana, os quiero pedir perdón. Y me quiero pedir perdón a mí mismo, porque escribir esto con regularidad era un reto que me puse y no he sido capaz de cumplir.

(Ahora empiezan las excusas) También es verdad que decidir empezar un blog diario a final de semestre, cuando tienes pendiente todo el trabajo que no has hecho a lo largo de todo este tiempo, no ha sido la mejor idea que he tenido en la vida. Pero yo qué sé, tenía ganas de escribir el día que se me ocurrió la idea, y después me he atropellado a mí mismo cual Banega. Ahora tengo tres días para arreglarlo, fingir que aquí no ha pasado nada y llegar al día 21 del diario con los ropajes rasgados y la cara sucia pero la dignidad intacta, así que vamos a ver qué podemos hacer.

La tragedia empezó el jueves de la semana pasada. Había dormido poco, estaba cansado, solo en casa, tapado con dos mantas en el sofá, y podéis intuir cómo acaba la historia. Lo que no os imagináis es que la siesta fue de 8 de la tarde a 2 de la madrugada. No fue la siesta, fue LA SIESTA. Prácticamente me despertó la Policía llamando a la puerta porque el vecino les había dicho que olía a muerto en mi casa. Lo peor de todo es que me desperté a las 2, observé la cagada durante unos minutos y me volví a dormir hasta la mañana siguiente.

Antes de eso, así como anécdota, había ido a un cursillo de elaboración del TFG. No sé si os acordáis de que me habían suspendido el proyecto, pero allí estaba yo como si me fuera la vida en ello. Pregunté un par de cosas para no parecer un cono en la clase y me dormí (aquí ya se podía oler lo que iba a pasar después). Evidentemente, no hice nada de clase.

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Después de lucirme el jueves, llevé el viernes como pude. Las fichas del dominó ya estaban todas tiradas. Ya me daba hasta vergüenza mirar la agenda, pero the show must go on.

El destino todavía me guardaba una sorpresa más, yendo a la universidad a hacer acto de presencia en un ensayo de una práctica. Iba cargado con todos los bártulos porque después me iba a casa a pasar el fin de semana, y no se me ocurrió otra que ir en bici a la uni. Pasó esto:

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Un viento, ¡UN VIENTO! Madre mía, casi me dejo las piernas como Mr. Potato. Y ya todo bien hasta que llegué a casa, donde todavía tenía otro escollo más en mi intento por sobrevivir.

Resulta que a las 22:30 alguien sin querer me recordó que había que entregar una práctica esa misma noche. Yo estaba en casa de Paula, y abrimos el Aula Virtual rezando para que fuese más tarde de las 23:55 (le he cogido una manía a esa hora…). Al final era a la 1 de la madrugada, así que planté una mierda como un piano tranquilamente allí mientras Paula se dormía (hola Paulaaa) y todos tan contentos.

El sábado no fue ni más ni menos que un sábado. No fui persona hasta las 5 de la tarde, intenté hacer algo de provecho y tiré la tarde a la basura, por la noche renuncié a todo y ya pues nada, casi di el fin de semana por perdido.

Al final de todo, la Curva del Desastre no era para tanto. Resulta que varias de las cosas que tenía para hacer se podían hacer hasta Navidad, y eso implica, obligatoriamente, que no se hacen antes. Sin querer, tropezando con las fechas de entrega, parecía que iba a salvar el semestre, aunque una vez atrapado por el ciclón de los últimos días ya no da tiempo a hacer calendarios, pensar en si va a salir bien o mal y en si estoy descuidando todo lo demás. Y por eso tampoco he escrito nada esta última semana.

Mañana más, que todavía me han pasado más cositas desde LA SIESTA.

 

 

 

Día 11 (Europe’s livin’ a celebration)

Hoy estoy de celebración. Estoy bastante orgulloso de haber superado el ecuador de estos 21 días sin que me busquen plaza en algún cottolengo y sin haber tirado por la borda todas las asignaturas. Cuando empecé a notar que mi vida estudiantil iba a ser así, ya asumí que se vive al borde del precipicio muchas veces, y a corto plazo siempre se tiende a pensar que ser trabajador saldría más rentable, sobre todo cuando llega el agobio. Pero visto en perspectiva, la relación de horas de trabajo/resultados sale muy bien, y uno puede llevar un ritmo de vida más relajado.

También tengo que celebrar que hoy sí que he cumplido lo que tenía calendarizado, que tampoco era gran cosa, pero ya se me han hecho las tantas por el simple motivo que a continuación expongo:

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No sé hasta qué punto me puedo sentir satisfecho de mantener la segunda ficha del dominó en pie cuando ya he tirado la primera, pero bueno, voy a tirar de autoengaño y decir que hoy he hecho las cosas bien.

También tengo que celebrar que el estado de tramitación mi beca ha cambiado después de 2 meses, lo cual significa que mi economía mejorará sustancialmente en un futuro a medio plazo. Si supieran que en vez de ser un estudiante ejemplar me dedico a escribir estas cosas igual hasta me dejaban pasar hambre (si están leyendo esto, maravillosas personas del Ministerio de Educación, sepan que los quiero. Dénme de comer).

Y los que también tienen algo que celebrar, pero todos los días, son los de la Facultad de Magisterio de la Universidad de Valencia. Este mediodía he entrado por primera vez en ese sitio y me he encontrado dibujos en el hall, gente haciendo una especie de gymkhana por toda la facultad, la cafetería llena de gente hablando… Se respiraba un ambiente bastante peculiar, como si todos los días fuesen fiesta allí. A todo esto, iba a recoger a Paula (¡hola!), que salía de hacer un examen de un libro que si se lo hubieran dado a leer a alguien en un preoperatorio a lo mejor no hacía falta ni anestesia. Tal vez mi percepción no ha sido del todo buena…

De todas formas hoy era día de celebraciones, así que que no pare la fiesta. La Curva del Desastre, por lo menos, no ha ido a peor.

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