Día 11 (Europe’s livin’ a celebration)

Hoy estoy de celebración. Estoy bastante orgulloso de haber superado el ecuador de estos 21 días sin que me busquen plaza en algún cottolengo y sin haber tirado por la borda todas las asignaturas. Cuando empecé a notar que mi vida estudiantil iba a ser así, ya asumí que se vive al borde del precipicio muchas veces, y a corto plazo siempre se tiende a pensar que ser trabajador saldría más rentable, sobre todo cuando llega el agobio. Pero visto en perspectiva, la relación de horas de trabajo/resultados sale muy bien, y uno puede llevar un ritmo de vida más relajado.

También tengo que celebrar que hoy sí que he cumplido lo que tenía calendarizado, que tampoco era gran cosa, pero ya se me han hecho las tantas por el simple motivo que a continuación expongo:

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No sé hasta qué punto me puedo sentir satisfecho de mantener la segunda ficha del dominó en pie cuando ya he tirado la primera, pero bueno, voy a tirar de autoengaño y decir que hoy he hecho las cosas bien.

También tengo que celebrar que el estado de tramitación mi beca ha cambiado después de 2 meses, lo cual significa que mi economía mejorará sustancialmente en un futuro a medio plazo. Si supieran que en vez de ser un estudiante ejemplar me dedico a escribir estas cosas igual hasta me dejaban pasar hambre (si están leyendo esto, maravillosas personas del Ministerio de Educación, sepan que los quiero. Dénme de comer).

Y los que también tienen algo que celebrar, pero todos los días, son los de la Facultad de Magisterio de la Universidad de Valencia. Este mediodía he entrado por primera vez en ese sitio y me he encontrado dibujos en el hall, gente haciendo una especie de gymkhana por toda la facultad, la cafetería llena de gente hablando… Se respiraba un ambiente bastante peculiar, como si todos los días fuesen fiesta allí. A todo esto, iba a recoger a Paula (¡hola!), que salía de hacer un examen de un libro que si se lo hubieran dado a leer a alguien en un preoperatorio a lo mejor no hacía falta ni anestesia. Tal vez mi percepción no ha sido del todo buena…

De todas formas hoy era día de celebraciones, así que que no pare la fiesta. La Curva del Desastre, por lo menos, no ha ido a peor.

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Día 10 (cuando nada podía ir peor…)

Ayer escribí que la debacle había llegado a este final de semestre que os cuento día a día, pero cuando parecía que a partir de ahí todo iba a ir cuesta arriba, resulta que esto todavía se podía poner un poco más feo.

En realidad es poético que el punto más bajo llegue justo en el día 10, a mitad del viaje, para que la “Curva del Desastre” (así la voy a llamar) quede lo más bonita posible. La parte mala es que las expectativas de que la curva empiece a repuntar mañana mismo para que todo salga bien son poquitas.

Pues bueno, la cosa se ha puesto un poco más fea porque no me han aprobado el proyecto del TFG y tengo que remodelarlo o pensar otro. ¿Que el que propuse era una mierda porque no tenía ganas de pensar y no se me ocurría nada? Sí. Y esto es muy importante para todo aquél que entienda mi filosofía estudiantil. Lo primero cuando pasan estas cosas es asumir la responsabilidad. Somos un puto desastre y lo sabemos, pero esto no significa que debamos cambiar, sino que debemos esmerarnos más en solventar el problema.

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Ahora que estoy acabando el diario de hoy (00:52), tengo que confesar que todavía no he empezado lo que tenía calendarizado para hacer. La primera ficha del dominó está cayendo, y yo estoy “agarrant parotets” en vez de enderezarla (me encanta esa expresión).

Pero bueno, ¿Qué es lo único más bonito que hacer un calendario surrealista pero aparentemente perfecto? Exacto, no cumplirlo y rehacerlo siendo aún más optimista.

Que no decaiga esto.

Días 8 y 9 (la debacle)

Esta va a ser la última entrada que publico con varios días juntos. Tras la victoria aplastante del “Cada día” en la encuesta, no me queda más remedio que ponerme al día hoy y ser constante y responsable con esto, que era el objetivo en un principio aunque me durara más bien poco. Gracias por participar y enhorabuena a los premiados.

El día 8 de estos 21 días salvando el semestre fue el ejemplo perfecto de intento fallido de solucionar algo. Contra mi voluntad y bajo toda la presión del mundo me vi obligado a volverme a levantar a mediodía y no hacer nada por la mañana, y claro, enfoqué la tarde como Leónidas cara a las Termópilas. Al final me fui a Castellón un domingo más con el rabo entre las piernas después de haberme pasado la tarde viendo fotos de bodas, bautizos y comuniones en casa de Paula. Leónidas, pero no mucho.

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Y ayer sí que fue el pico de esta historia. Segundo lunes en los 21 días, empieza la penúltima semana del curso y las sensaciones son mejores de la expectativa. Parece que lo tenemos todo hecho sin haber hecho nada, y eso, evidentemente, no puede ser. Empezamos a recapitular lo que nos queda por hacer, a repartirlo en días, empezamos con el encaje de bolillos de la agenda (que después hay que cumplir, ya verás…), y pasa esto:

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Y el pánico se apodera de la casa. Todo pinta negro. De repente parece que no hay tiempo para nada y estamos perdidos.

En realidad lo único que pasa es que tengo que empezar a ser un estudiante decente y hacer algo, ALGO, cada día. Como podréis entender, la falta de costumbre me sobrepasa y todo parece un mundo.

Y en esas estoy, en el típico momento post-desastre en el que todo tiene un momento en el calendario de estas dos últimas semanas. Es cuestión de horas que la primera ficha del dominó caiga y tumbe el resto, pero puedo prometer y prometo que voy  poner todo mi espíritu en mantener en pie el calendario. Aunque solo sea porque mola hacerlo y, de una forma un tanto surrealista, hacerlo encajar todo.

Días 4, 5, 6, y 7 (perdón)

Habréis notado que estos días no he hecho el diario como se supone. Hasta yo mismo pensaba que había abandonado (y fracasado), pero no. He tenido unas cuantas noches un poco agitadas y otras de vagancia, y no he escrito nada.

Todos estos días, aprovechando el puente, he estado adelantando prácticas y trabajos y preparando los apuntes para los exámenes. (JAJAJAJA, ¿cuela?). No, ahora en serio, he hecho el perro todo lo que he podido, y he hecho algunas cosas chulas, pero por desgracia no han tenido nada que ver con la universidad (siempre pasa esto, estoy empezando a sospechar que la uni es un pedrolo).

Ahora estoy en casa de mi novia (hola Paulaaa) intentando recapitular estos trepidantes cuatro días en los que tampoco he salvado el semestre. Vamos a ver:

El miércoles es desde septiembre mi día entre semana preferido. No es porque me encante estar lo más alejado posible de los fines de semana, es que no tengo clase y puedo dormir hasta que duela. Esta semana prometía una sobada de las denunciables: hacía frío, estamos a final del semestre, diciembre… Pues a estos señores no se les ocurre otra que ir a subir el Penyagolosa. Y a las 9 arriba como un campeón.

Nos plantamos allí hora y media después, sin saber dónde dejar el coche, traqueteando entre las piedras de la montaña a ver si encontrábamos el sitio mientras sonaban grandes éxitos de Michael Jackson en el coche (tremendo el panorama). Acabamos preguntándole a un yayo que nos indicó muy bien, y también nos dijo que no tirásemos piedras a la balsa, que de ahí bebían los animales. La balsa estaba helada. Hielo del duro, del que no se bebe. Y yo solté la piedra como un niño cuando lo pillan a punto de liarla.

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Me cansé, vi árboles, montañas y águilas (mucho de cada cosa).

Cuando volvimos yo tenía toda la intención y las ganas de ponerme a hacer cosas realmente útiles para mi futuro académico y profesional, pero al final, por lo que sea, acabé bebiendo vodka marca Sharuska (no se me va a olvidar en mucho tiempo) en casa de una amiga y apoyando el vaso sobre los ronquidos de Paula (hola otra veeez). Cosas del directo.

Al día siguiente protagonicé junto a Luis uno de mis highlights del curso: presentamos una exposición donde se abría debate sobre las empresas y los neo-nazis. Se nos fue de las manos un poquito el debate, pero estuvo entretenido. La gente dice cosas bastante curiosas cuando hay beneficio económico por delante.

Después de este triunfo absoluto, que por otra parte no soluciona nada en la problemática real de cara a sacar el semestre adelante, comimos con Jordi y pusimos una peli. El argumento estaba bien, la banda sonora molaba, el prota me caía bien… Me dormí a los diez minutos, pero la tengo pendiente. (Para la gente curiosa, la peli).

Al volver a casa nos olvidamos del otro Jordi cual abuelo en gasolinera, pero al final volvimos a por él y todo salió bien. Después, cuando me dejaron en la gran ciudad, me pasó una cosa bonita de las que mola contar: No tenía viajes en el bonobús ni dinero suficiente para pagar el billete, así que lo cargué a través de la web, pero todavía no funcionaba cuando subí al bus, así que el conductor, muy amable él, me dijo que me sentara y no me preocupara. Le debo una a alguien, por aquello del espíritu navideño.

Después de este carrusel de emociones que fueron miércoles y jueves, llegó el primer día en casa de la madre que me parió que os voy a contar aquí. El viernes.

El viernes sí que sí, hice cosas de provecho para salvar el semestre. Me levanté a las 2 del mediodía, prácticamente a mesa puesta, después me fui a jugar a baloncesto, miré lo que me quedaba de Merlí para ponerme al día (ay mi madre Merlí) y por la noche vi La La Land con Paula (madre de dios qué bajo de forma está ese tal Óscar que da los premios).

Y bueno, ayer lo único de provecho que hice en todo el día fue subir al Aula Virtual un trabajo en el que mi participación ha sido más bien escasa y cenar pizza.

Ballon d’Or de los estudiantes, allá voy.

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Día 3 (lo de las series)

Hoy he empezado a pensar en la criogenización, y creo que mi casa de Castellón sería un sitio perfecto donde hacer una start-up del tema. Vivo en una puta nevera, y llevo dos días durmiendo en el sofá con dos mantas. No me atrevo a ir a mi habitación porque aquello parece villapingüino. Eso sí, la circulación me va como si tuviese a Eddie el policía de Los Simpsons al mando.

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Hoy tenía que acabar lo que ayer aplacé (mi yo de ayer no se lo esperaba, pero mi yo de hoy no le ha guardado rencor), y bueno, tampoco ha estado tan mal la cosa. Cuando hago estas cosas siempre pienso que de haberlo hecho todo ayer, hoy habría podido no hacer nada. Después pienso bien lo que he hecho hoy, y me vale más la pena no haber hecho casi nada los dos días.

Digo esto porque he invertido el 80% de la tarde en ver lo que me quedaba de La Casa de Papel, y ha sucedido otro de los fenómenos mágicos de la vida del estudiante que ocurre bastante a menudo:

Paso 1: “Veo un capítulo, acabo la faena y después veo más si me apetece”.

Paso 2: “Hostia qué intriga, joder, ¿qué hora es? Voy a ver otro a ver qué pasa”.

Paso 3: Repite el paso 2.

Así se me ha ido la tarde entera, pero no podía abandonar a esos pobres atracadores sin saber si se podían escapar o no.

Al final he terminado el trabajo después de cenar, e incluso me han sobrado más de 2 horas para la hora límite.asd

¿Estoy madurando?

Lo descubiremos en el próximo capítulo…

Día 2

Pues bueno, que esté empezando el segundo día significa que esto ha sido todo un éxito. No habla muy bien de mi constancia y dedicación a nada, pero es un éxito al fin y al cabo. Supongo que el hecho de que mi vida siga siendo igual que ayer me empuja a seguir intentando hacer algo al respecto.

Alguien puede pensar que sería más productivo para mí “hacer algo al respecto” aplicándome en vez de escribiendo aquí, pero sinceramente me llena y le saco más provecho a esto. Y qué cojones, ¿desde cuándo la vida se basa en la coherencia?

El caso es que hoy he tenido un destello de responsabilidad, y no me ha salido demasiado bien. Si cuando uno tiene iniciativa el mundo le lleva la contraria ya es lo que faltaba. Creo que tengo una mano negra con las resposabilidades. Lo enseño:

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¿Y ahora qué? Pues he tirado de dignidad y lo he llevado yo a imprimir.

A primera hora de la mañana ya sabía cómo iba a empezar esto, y tenía todo el día por delante para recoger más maravillas de la odisea estudiantil en la que me hallo. Entonces, después de la hora de la siesta (SAGRADÍSIMA AUNQUE NO SE DUERMA) ha pasado uno de esos momentos mágicos que se dan en la mentalidad del buen estudiante.

En teoría, mañana se entregaba un reportaje por parejas. Nos ponemos a hacerlo, perdemos la motivación y…

Primer paso: “¿Cuándo se entrega esto al final?”

Segundo paso: Miramos el Aula Virtual, se entrega el miércoles a la 1 de la madrugada.

Tercer paso: “Oye, mañana ya lo rematamos, ¿no?”

Así funciona. No hemos hecho nada, literalmente NADA, en lo que quedaba de tarde. Mañana ya tal. Ya veremos.

21 días salvando el semestre

Espero que tengáis fresco el tono de Samantha Villar, o en su defecto de Gloria Serra (la de Equipo de Investigación), porque esto va en serio.

Ante la desesperación que me provoca intentar llegar a Navidad manteniendo mi integridad física (y sobre todo psicológica) tras enfrentarme a lo que se me viene encima en la universidad, he decidido pasarte el marrón a ti, persona que lee, y volcar aquí todos mis desastres, crisis y cagadas en general que me dé tiempo a hacer antes de ponerme hasta el culo de turrón. Si todo anda como debe, el último día de este diario será el 24 de diciembre, día en el que renunciaré a toda actividad que requiera usar un mínimo de inteligencia.

Bienvenidos a… 21 días salvando el semestre.

Hoy es domingo, día 1 de esta fascinante aventura, y ya empieza la cosa bastante regular. Estoy escribiendo sentado en el suelo del tren, me he dejado las ganas de ir mañana a clase no sé muy bien dónde y no tengo cena. Hace más frío que aquella vez que te encontraste con tu ex y a él/ella le iba de puta madre mientras tú seguías en la miseria más absoluta.

Vamos a jugar a un juego. Se llama “Expectativa vs Realidad”:

– Llegaré a Castellón, me haré algo para cenar, fregaré lo que haya usado, contribuiré al trabajo en equipo ayudando a mis compañeros a acabar la práctica que se entrega y se expone mañana, le daré las buenas noches a todo el mundo y me iré a dormir antes de medianoche para mañana despertarme fresco e ir a la clase de las 9 de la mañana.

– Llegaré a Castellón, cenaré literalmente cualquier cosa que me evite ensuciar para no fregar, no haré nada hasta, al menos, la 1 de la madrugada, intentaré salvar con estas maravillosas personas una práctica más in-extremis (el Dream Tramesa Team ha vuelto), me dormiré en cualquier sitio menos donde debo y mañana, si hay suerte, iré a clase con mis amigas ojeras. Y con “si hay suerte” quiero decir que es improbable a todas luces.

Puede parecer que hoy he tenido un mal día, que estoy desanimado por cualquier cosa y por eso voy a hacer todo lo contrario de lo que se supone que he de hacer. No, señoras y caballeros. Esto es el día a día, la vida universitaria. Espero que ahora entendáis mejor por qué necesito estos 21 días salvando el semestre, y por qué necesito contarlos. No me dejéis solo, por fa.

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