Día 3 (lo de las series)

Hoy he empezado a pensar en la criogenización, y creo que mi casa de Castellón sería un sitio perfecto donde hacer una start-up del tema. Vivo en una puta nevera, y llevo dos días durmiendo en el sofá con dos mantas. No me atrevo a ir a mi habitación porque aquello parece villapingüino. Eso sí, la circulación me va como si tuviese a Eddie el policía de Los Simpsons al mando.

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Hoy tenía que acabar lo que ayer aplacé (mi yo de ayer no se lo esperaba, pero mi yo de hoy no le ha guardado rencor), y bueno, tampoco ha estado tan mal la cosa. Cuando hago estas cosas siempre pienso que de haberlo hecho todo ayer, hoy habría podido no hacer nada. Después pienso bien lo que he hecho hoy, y me vale más la pena no haber hecho casi nada los dos días.

Digo esto porque he invertido el 80% de la tarde en ver lo que me quedaba de La Casa de Papel, y ha sucedido otro de los fenómenos mágicos de la vida del estudiante que ocurre bastante a menudo:

Paso 1: “Veo un capítulo, acabo la faena y después veo más si me apetece”.

Paso 2: “Hostia qué intriga, joder, ¿qué hora es? Voy a ver otro a ver qué pasa”.

Paso 3: Repite el paso 2.

Así se me ha ido la tarde entera, pero no podía abandonar a esos pobres atracadores sin saber si se podían escapar o no.

Al final he terminado el trabajo después de cenar, e incluso me han sobrado más de 2 horas para la hora límite.asd

¿Estoy madurando?

Lo descubiremos en el próximo capítulo…

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Día 2

Pues bueno, que esté empezando el segundo día significa que esto ha sido todo un éxito. No habla muy bien de mi constancia y dedicación a nada, pero es un éxito al fin y al cabo. Supongo que el hecho de que mi vida siga siendo igual que ayer me empuja a seguir intentando hacer algo al respecto.

Alguien puede pensar que sería más productivo para mí “hacer algo al respecto” aplicándome en vez de escribiendo aquí, pero sinceramente me llena y le saco más provecho a esto. Y qué cojones, ¿desde cuándo la vida se basa en la coherencia?

El caso es que hoy he tenido un destello de responsabilidad, y no me ha salido demasiado bien. Si cuando uno tiene iniciativa el mundo le lleva la contraria ya es lo que faltaba. Creo que tengo una mano negra con las resposabilidades. Lo enseño:

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¿Y ahora qué? Pues he tirado de dignidad y lo he llevado yo a imprimir.

A primera hora de la mañana ya sabía cómo iba a empezar esto, y tenía todo el día por delante para recoger más maravillas de la odisea estudiantil en la que me hallo. Entonces, después de la hora de la siesta (SAGRADÍSIMA AUNQUE NO SE DUERMA) ha pasado uno de esos momentos mágicos que se dan en la mentalidad del buen estudiante.

En teoría, mañana se entregaba un reportaje por parejas. Nos ponemos a hacerlo, perdemos la motivación y…

Primer paso: “¿Cuándo se entrega esto al final?”

Segundo paso: Miramos el Aula Virtual, se entrega el miércoles a la 1 de la madrugada.

Tercer paso: “Oye, mañana ya lo rematamos, ¿no?”

Así funciona. No hemos hecho nada, literalmente NADA, en lo que quedaba de tarde. Mañana ya tal. Ya veremos.

21 días salvando el semestre

Espero que tengáis fresco el tono de Samantha Villar, o en su defecto de Gloria Serra (la de Equipo de Investigación), porque esto va en serio.

Ante la desesperación que me provoca intentar llegar a Navidad manteniendo mi integridad física (y sobre todo psicológica) tras enfrentarme a lo que se me viene encima en la universidad, he decidido pasarte el marrón a ti, persona que lee, y volcar aquí todos mis desastres, crisis y cagadas en general que me dé tiempo a hacer antes de ponerme hasta el culo de turrón. Si todo anda como debe, el último día de este diario será el 24 de diciembre, día en el que renunciaré a toda actividad que requiera usar un mínimo de inteligencia.

Bienvenidos a… 21 días salvando el semestre.

Hoy es domingo, día 1 de esta fascinante aventura, y ya empieza la cosa bastante regular. Estoy escribiendo sentado en el suelo del tren, me he dejado las ganas de ir mañana a clase no sé muy bien dónde y no tengo cena. Hace más frío que aquella vez que te encontraste con tu ex y a él/ella le iba de puta madre mientras tú seguías en la miseria más absoluta.

Vamos a jugar a un juego. Se llama “Expectativa vs Realidad”:

– Llegaré a Castellón, me haré algo para cenar, fregaré lo que haya usado, contribuiré al trabajo en equipo ayudando a mis compañeros a acabar la práctica que se entrega y se expone mañana, le daré las buenas noches a todo el mundo y me iré a dormir antes de medianoche para mañana despertarme fresco e ir a la clase de las 9 de la mañana.

– Llegaré a Castellón, cenaré literalmente cualquier cosa que me evite ensuciar para no fregar, no haré nada hasta, al menos, la 1 de la madrugada, intentaré salvar con estas maravillosas personas una práctica más in-extremis (el Dream Tramesa Team ha vuelto), me dormiré en cualquier sitio menos donde debo y mañana, si hay suerte, iré a clase con mis amigas ojeras. Y con “si hay suerte” quiero decir que es improbable a todas luces.

Puede parecer que hoy he tenido un mal día, que estoy desanimado por cualquier cosa y por eso voy a hacer todo lo contrario de lo que se supone que he de hacer. No, señoras y caballeros. Esto es el día a día, la vida universitaria. Espero que ahora entendáis mejor por qué necesito estos 21 días salvando el semestre, y por qué necesito contarlos. No me dejéis solo, por fa.

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Xavi intenta estudiar veterinaria

El pasado fin de semana estuve de visita cumpleañística en Zaragoza. Al llegar el lunes, las personas normales tienen clase, y yo estaba por allí, así que decidí probar suerte. Después de comer, tres de la tarde, buen tiempo… ¡Qué coño! Voy a entrar a una clase teórica de veterinaria. Para no dar el cante, decidí tomar apuntes de la clase. Este es el resultado de meter a un periodista de letras puras en una clase de ciencias (o de chino, no sé…).

Integración en Animales de Compañía    08/05/17

  • Los alumnos han hablado con Maite y han cambiado el horario.
  • El profesor tiene 4 clases. Esta semana 3.
  • Recogerá todo lo que sabemos. En mi caso 0 (nada).
  • A los 4 minutos de clase, estoy totalmente perdido.
  • Doctor, mi perro no pronuncia bien la “z”.
  • La fatiga es común. Todo el mundo se cansa, por lo que sea.
  • Cuanto más se mueve, más se cansa. Lo normal, pero aquí piensan que está malo del corazón.
  • Preguntan que qué haría yo. Pues no lo sé caballero, yo soy periodista.
  • Estoy más intrigado con lo que le pasa al perro que con el final de El Código Da Vinci.
  • ¡A ver qué ocurre! Y se queda tan pancho.
  • Ojo, que vienen los diferenciales.
  • – ¿Sabe usted que el bóxer está predispuesto a tener cardiopatía dilatada?                   –  Pues si me llega a avisar usted antes, me compro un caniche.
  • Ahora quiere remodelar un animal. ¿Le va a alicatar las patas?
  • El profesor imita el jadeo de un perro. La situación empieza a rozar lo surrealista.
  • “Así no puedes ir por la vida”. Y qué quiere que haga yo, señor…
  • Se pone a hablar de videomarcadores.
  • El animal no va a evolucionar bien (conocimiento aplicable a Pokémon).
  • Habla de algo necesario, pero que no le gusta a nadie. ¿Dentista? ¿Urólogo?
  • He sobrevivido 20 minutos. Y llevo una página de apuntes. Estoy al borde de la convalidación.

  • El profesor hace humor negro sobre muertes de perros. Hay risa generalizada.
  • *Anécdota del año 79* (No es sobre la Constitución).
  • Ah, espera. Dice que lo nuevo viene ahora.
  • Después de 25 minutos de clase, concluye: “Y esto es lo que vamos a ver estos días”.
  • Habla de reducir el tono simpático. Aquí pocas bromas.
  • PREGUNTA DEL MILLÓN: 傻瓜谁读它.
  • No, no he ganado un millón.
  • Habla de viagra para el coração.
  • Superado el ecuador de la clase, sigo sin tener ni puta idea.
  • El ambiente festivo se apodera del aula. Empiezan a volar piezas de ropa.
  • “La última clase será de relax”. Me he equivocado de día…
  • ¡¡Empieza el espectáculo!!
  • Dice que sus razonamientos son sencillos. Permítame que discrepe.
  • Algunos cardiólogos lo utilizan. Dr. Torreiglesias, lo necesito.
  • “¡No está anticuada!”, afirma con autoridad tras haber contado una anécdota de 1979.
  • Efectos secundarios: no matan, pero perjudican.
  • Habla de sí mismo como “no traidor”. ¿Hasta qué punto inspira confianza esta afirmación?
  • Habla de corazones deprimidos. Mr. Wonderful irrumpe en el aula al grito de “¡Risas para todos!” mientras arroja setas alucinógenas sobre el alumnado.
  • Otra pregunta del millón. No me da tiempo a escucharla, si me llego a saber alguna me forro.
  • No ha acentuado ni una sola mayúscula en todo el Power Point. Sin embargo, tilda la “ó” en una oración disyuntiva. (“COMBINAR CON IECA ó IRECA”).
  • Critica duramente la industria del adelgazamiento. Rosa la de OT, que pasaba por allí, se tapa los oídos mientras repite “lalalalala”.
  • Pregunta qué hay detrás de los ventrículos. Depende de si alguien tiene una bala u otro objeto alojado en el pecho.
  • Concluye la clase con un tajante “mañana más”. Pues no creo, muy señor mío.

Tras esta inspiradora clase había otra más. Cuatro de la tarde, buen tiempo… ¡Qué coño! Me fui a comer un helado y a dar una vuelta por la facultad. Había ovejas la mar de bonicas, caballos, olor a vida en todas partes y un rinconcito donde había acumulados, sin exagerar, 500 kilos de estiércol.

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Xavi vuelve en unos minutos

Al principio, cuando me dijeron en clase que tenía que hacer un blog, escoger un tema y escribir sobre él, se me vino el mundo encima. Es de esas cosas que en algún momento de tu vida te planteas hacer, pero por diferentes motivos (y nunca, NUNCA, por pereza) al final no haces.

Cuando vi que no había otra salida y tenía que hacerlo, qué menos que hacerlo bien, y sentirme bien conmigo mismo mientras lo hacía. Decidí hablar sobre lo que me pasa en el día a día porque es un tema del que sé bastante, y como nunca he sido demasiado astuto en la vida, me suelen pasar cosas divertidas de contar.

Empecé a escribir más bien poco convencido, pero parece que a la gente que lo ha leído, en general, le ha gustado, y eso me ha ayudado mucho y me ha animado a seguir y a llegar a tiempo a escribir esta séptima entrada, la última de las que tengo que escribir obligatoriamente para presentar el trabajo en clase. Dicho esto, me gustaría seguir escribiendo aquí, porque seguro que me van a seguir pasando cosas que vale la pena contar y, a falta de un sitio donde me paguen por escribir cosas serias, pues escribo para mí aunque no gane ni un duro, que lo importante es la salud.

Si a alguna de las personas que ha estado leyendo esto le apetece escribir en mi blog porque su vida es tanto o más desastrosa que la mía, estaría encantado. Xavi invita a cualquiera que se preste. Da pereza, sí, pero es satisfactorio escribir cosas que la gente disfruta leyendo, y todavía más si has disfrutado escribiéndolas.

Y nada, dar las gracias a mi familia, en especial a mi madre que siempre ha estado ahí, a mis amigos y amigas, a mi novia, a mi mánager, a mi antiguo mánager, que se fugó con todo mi dinero, a mi perro, a la presidenta de la escalera, al cajero simpático del supermercado, al conserje de la universidad y a Teo, el niño pelirrojo de los cuentos. Sin vosotros nada de esto hubiera sido posible. Va por posotros.

Como decía el gran Héctor del Mar: nos vamos… Pero volveremos.

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Xavi “casi” no llega

Mi vida se sitúa, en gran parte, en esa maravillosa zona vital que es el “casi”. Cuando iba en tren todas las mañanas a la universidad, “casi” lo perdía muchos días (y “casi” lo cogía alguno). Ahora que vivo de alquiler, “casi” no llego a fin de mes. Ha habido veces en las que “casi” me ponen matrícula de honor, y otras en las que “casi” suspendo. Cuando de pequeño parecía que iba a llegar sobrado, “casi” no paso de 1’70 de alto.

A veces es bonito tener esa incertidumbre. Tenerlo todo claro a la primera debe ser aburrido, y cuando la vida te da sorpresas (como a Pedro Navaja, sí, pero no tan drásticas), tanto para bien como para mal, la cosa se anima un poco. Por otra parte, tampoco estaría mal que el karma, o el universo, o quien sea, si está leyendo esto, no me jodiera hasta el último momento en determinadas cosas.

También he de admitir que tengo parte de culpa, pero todo el mundo sabe (y los que compartimos filosofía de vida sabemos) que no hay nada como hacer algo con el agua al cuello y que te salga bien. Quiero hacer especial mención aquí a Jordi, a Puchades, a Ximo y a Luis. Con ellos he hecho más trabajos de clase que con nadie, y la relación “calidad-tiempo restante para la entrega” que conseguimos como equipo no la he vivido con nadie más.

Después están los que voy a llamar “casi” psicológicos. Son esas cosas a las que no has llegado ni de lejos, pero te queda la sensación de que te ha faltado un pelo. Lo que El Niño de la Hipoteca explica, más o menos, aquí. Llegar a algún sitio en el mundo de la música es mi “casi” psicológico (el que se me ocurre ahora, vamos). Seguro que muchas personas tendrán casos similares, o me gusta pensar que sí, aunque solo sea para no sentirme como un puto loco.

Lo que siempre he tenido claro es que lo importante es participar, que más vale un “casi” que una hostia con la mano abierta o una pedrada en la cabeza, y que hay que pasárselo bien.

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Xavi intenta vivir sin trabajar

Os lo adelanto al principio para que leáis el resto traquilamente: no se puede. Si no queréis trabajar lo tendrá que hacer vuestra familia para salvaros el culo, pero vivir sin dar un palo al agua no es factible.

Incluso cuando tu jefe es el Estado, te paga por un rendimiento académico. Si no llegas a objetivos, hasta luego sueldo. No hace falta decir que si pretendes dejar de comer regular, de emborracharte con kalimotxo marca Simply y de ir a pie a todos los sitios a 3km a la redonda, tienes que hacer algo.

Ahora viene lo bueno: ¿Y qué hago? Si buscas “algo de lo tuyo”, estás jodido porque no vas a cobrar. Si buscas “cualquier cosa”, estás jodido porque te van a joder. Efectivamente, trabajar es una mierda como un piano. Con este panorama, escribo artículos de mierda sobre temas que me la refanfinflan y de los que no tengo ni idea. Me pagan menos de 1’50€ por artículo, con al menos 160 palabras y el enfoque que monsieur quiera.

También estuve una semana trabajando en San Sebastián, haciendo algo menos de 12 horas al día, con un frío de estos que los pingüinos salen a hacer deporte. A Rubén (mi compañero de piso, con el que fui allá) se le salió el líquido de la rodilla que tiene operada. A mí también se me salió el líquido, pero de media botella de batido, dentro de la mochila, y me manché los pantalones de ir a trabajar. También me dejé la carpeta con trabajos de clase en el hostal donde estuvimos, y aprendí que en la ciudad más cara de España, la mejor relación calidad-precio en cuanto a comida está en los salones de juego.

Dicho esto, tengo que estar agradecido a la gente del hostal, que se portó muy bien con nosotros. Me pusieron el pantalón en la secadora y me enviaron por correo de vuelta la carpeta (que todavía huele a batido rancio). Conocimos a gente muy maja de todo el mundo y nos ahorramos una sesión de masajista durmiendo en esas camas, que tenían muelles como puños de estibador.

En resumen, hay que valorar más las experiencias profesionales por experiencias que por profesionales. Y no desistir nunca de intentar vivir sin trabajar.

PD: Si alguien tiene la fórmula, que se ponga el contacto conmigo. Solo actos lícitos, por favor.

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