Xavi come (regulín)

Como comenté en la anterior entrada, cocinar no es tan difícil si uno se lo toma con humor. El miedo al fracaso es lo más jodido de superar, sobre todo porque existe una mitología bastante exagerada sobre hacer desastres en la cocina. Se tiene que llegar a un límite de desastre muy surrealista para quemar la casa, acabar con la cara negra o herir de gravedad a tu mascota.

¿Comida quemada? Eso sí. O cruda. O ambos a la vez. Siempre recuerdo la anécdota de mi prima Pili, cuando le preguntó a su novio si quería el pescado “muy hecho o poco hecho” para servirlo por un lado o por otro. Cocinar es una verdadera tarea de precisión si queremos que salga algo que se pueda masticar sin demasiado esfuerzo.

Otro tema es el de la limpieza. Si Chicote se pasara por la cocina de mi casa después de una intensa jornada culinaria, esto de aquí serían piropos. La calidad de la comida tampoco es la mejor, pero el principio básico de la cocina estudiantil es sobrevivir, y hasta ahí llegamos. Mis platos estrella son pasta con tomate y queso y arroz a la cubana. Estos dos platos son los más destacados de entre una extensa carta de pastas y arroces. Y huevos. Con y para casi todo. No en vano he incluido la tortilla de patata entre mis especialidades este año…

Aprovecho la oportunidad para romper una lanza a favor del Duque de Sándwich, que marcó un antes y un después en la cocina estudiantil. El sándwich mixto es, probablemente, el plato más infravalorado del mundo. Ahí queda eso.

A partir de aquí, solo queda probar cosas nuevas y experimentar, siempre desde el principio de que “de los errores se aprende”. Comer algo que has cocinado tú mismo y que, por lo que sea, ha salido bueno, es todo un orgullo. Es casi como comerte a tu propio hijo (vale no, no quería decir eso).

Reservo este último párrafo para la diosa de la comida estudiantil, y la diosa de la comida en general. Sí, esa redondita , con queso, tomate y cualquier otra cosa. Literalmente cualquiera. Una de las cosas que he aprendido en estos años es que no hay nada que sepa mal en una pizza. Pero no podía ser todo bueno: a la larga sale caro. Hay que saber elegir los momentos adecuados.

La mejor receta es una alimentación equilibrada y ejercicio físico. Come cinco piezas de fruta y verdura al día.

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Xavi vive solo

Como dije, hace dos años que no vivo con mis padres. En estos dos años, he aprendido que cada lavadora es un mundo, que cocinar no es tan difícil si te lo tomas con humor y que las tareas de la casa siempre son menos tareas con música. La música es una de esas cosas sin las que vivir solo no sería lo mismo. Ya apuntaba maneras cuando me quedaba solo en casa de mis padres, poniendo el portátil a tope de volumen con Mambo Nº5 o algún otro hit de los que mola bailar solo. (No soy yo, pero como si fuese Tom Cruise)

Estando solo he llegado a la sublimación de no hacer nada, a la mera contemplación, y también a algunas ideas que, de llevarlas a cabo, revolucionarían el mundo (tanto a lo mejor no, pero eran cosas divertidas). Supongo que no soy el único que tiene ideas brillantes que se pierden entre gilipolleces y al final acaban pareciéndose mucho.

El caso es que he decidido escribir esta entrada justo cuando he vuelto a casa por Navidad, cuando tengo a mi hermano al lado contándome las características de cada uno de los trescientos Pokémon de la 7ª generación. Aprovecho para mandar un mensaje: Señoras y señores de Nintendo, ya vale. Esperaba cambios, y me he encontrado con que mi habitación es más grande y que me van a expropiar el 50% de ella. Tampoco pasa nada.

He vuelto a abrir la nevera más llena de comida que he visto desde septiembre, y me he fijado en los imanes de la puerta. Procedo: Hay dos imanes descoloridos de Coca-Cola que yo mismo coloqué hace algún que otro año, dos imanes de Mr. Wonderful que compró mi madre y tres que nos regalaron en una pizzería (me gusta que la pizza esté por encima de ese señor que siempre aparenta estar feliz). Quiero mandar otro mensaje: Mr. Wonderful, espabila. También hay un imán de Finlandia de aquella vez que no estuve en Finlandia y dos imanes negros que sujetan hojas de dietas y planes de comidas semanales (me sigo alegrando de que la pizza siga siendo mayoría).

Visto lo visto en estos días, ir a casa a comer la paella de los domingos (tradiciones de Valencia) no es tan mala idea. Vivir solo tampoco es mala idea, al menos intentarlo, para aprender y disparar el ingenio y la creatividad de uno.

PD: También hay que limpiar. Aunque duela.imbecil.

Xavi explica su (no tan) patética vida

¡Hola! Mi nombre es Xavi y soy más o menos como tú. Puede que un poco menos imbécil, aunque seguramente un poco más. Nací en Meliana (Valencia), un pueblo que cada vez es menos pueblo, hace algo más de 20 años, y en mi DNI pone Javier. Estudio periodismo en Castellón, aunque este año me he ido a Bilbao a (no) estudiar. Mi novia vive y estudia mucho en Zaragoza y hace poco estuve trabajando en Donosti (esto lo contaré más adelante, que no tiene desperdicio). Como veis, mis mejores amigos se llaman ALSA y BlaBlaCar.

Aunque voy camino de ser miembro Premium de todos los medios de transporte habidos y por haber, me gusta quedarme en casa. Mi libro de cabecera es el Derecho a la Pereza de Paul Lafargue – En realidad no lo es, pero viene al caso -. Pienso que, entre los derechos fundamentales, debería incluirse en un rinconcito el derecho a no hacer nada, a mirar al infinito, a dormir arbitrariamente y a dejar todo para el último momento. Procrastinar es mi verbo preferido de siempre, y eso que lo descubrí hace poco (incluso después que el verbo follar).

Me gustan los días nublados, la lluvia en todas sus formas (y colores, si el cambio climático sigue a este ritmo), las palomitas, las mantitas y las pelis. En verano, mi termorregulación es la de un Husky siberiano, y en invierno paso frío como todo hijo de vecino, por eso mi estación favorita es el invierno, aunque solo sea porque no parece que Satán me esté soplando en la nuca todo el día.

La noche me transforma, y no soy un vampiro ni Romario en sus buenos tiempos. Por la noche me apetece hacer más cosas, soy más creativo, más productivo y es, en general, el momento del día en el que menos me apetece dormir. Probablemente tiene algo que ver con la procrastinación y con mi suave y arriesgado tango con las horas límite de entrega de trabajos.

Mi madre me ha enseñado casi todo lo que sé: … (bueno, eso). La cosa es que hace dos años que vivo sin ella, compartiendo piso, y aquí se complica un poco el tema.

He empezado con esto para que sepáis quién soy y no os llevéis la hostia así de repente. Welcome to Xavi vive solo.

Por cierto, este tuit es el que más gracia me ha hecho en los últimos tiempos:

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