Xavi tiene madre

Siempre supe que Javi, en cuanto pudiera, se iría a vivir por su cuenta. Desde su mismo nacimiento ya demostró dotes de supervivencia. Estuvo solo en la habitación de maternidad durante toda una mañana en la cual, a base de berrear y molestar a los vecinos, consiguió pañales secos y un biberón. Cuando yo llegué hasta su cuna, cinco horas después de haber parido, el muchacho dormía plácidamente con esa cara de satisfacción que se les pone a las personas que son capaces de buscarse la vida solas.

Años más tarde, en la fiesta de la graduación de la guardería (sí, también existe, y hay personitas que sólo se gradúan esa vez y cuando las gafas) me di cuenta de que tenía un instinto innato para buscar colaboradores y formar equipo. Él y su amigo Ferran, mucho más pequeño que él, funcionaban como un reloj. El pequeño, muy ágil, se colaba entre las piernas del resto de las criaturas y recogía todo lo que caía de la piñata. Él, mucho más grande que los niños de la guarde, pero también más hábil, quitaba el envoltorio a las chuches (una tarea bastante difícil para unas manitas de tres años) y las clasificaba (buena, muy buena, asco). Entre los dos consiguieron comerse casi todos los caramelos de la fiesta.

Pasaron los años, se fue haciendo mayor y tuvo un momento de debilidad en primaria. Era la época de “quiero ser como los demás”. Fue la peor época para mí. Peor que cuando me despierta con un WhatsApp a las 3 de la mañana porque se le ha ocurrido una idea genial que al día siguiente se queda en nada. No podíamos ver House porque en su clase nadie lo veía y quería que viéramos Gran Hermano (cosa que nunca consiguió). Yo no podía escuchar Orishas o Linkin Park (estábamos en 2004) porque esa no era, según él, la música que escuchaban las madres.

Pensé que había perdido el rumbo. Entonces, en segundo de la ESO, me llamó su tutor y me dijo que, haciendo caso omiso de todos sus consejos, se juntaba con gente “poco recomendable” que podía afectar a su rendimiento académico. A mí me dio una alegría este hombre, porque vi que todavía había esperanza para él.  Le afectaron tanto las malas compañías que acabó la ESO con matrícula de honor y el Bachiller con 9.5 de media (bueno, puedo ser una mamá orgullosa también).

Cuando acabó Secundaria y Bachiller, me vendió la moto para irse a estudiar fuera. He de decir que nunca le he comprado una idea más a gusto. No es que me molestara en casa, bueno, a lo mejor un poco sí, es que había llegado el momento para el que había nacido, hacer su propia vida solo.

Y en esas anda, aunque me llame para saber una receta de cocina, o si tengo tal o cual libro, o si le puedo ayudar en algún trabajo para la Universidad o hacer una colaboración en su blog.

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