Día 10 (cuando nada podía ir peor…)

Ayer escribí que la debacle había llegado a este final de semestre que os cuento día a día, pero cuando parecía que a partir de ahí todo iba a ir cuesta arriba, resulta que esto todavía se podía poner un poco más feo.

En realidad es poético que el punto más bajo llegue justo en el día 10, a mitad del viaje, para que la “Curva del Desastre” (así la voy a llamar) quede lo más bonita posible. La parte mala es que las expectativas de que la curva empiece a repuntar mañana mismo para que todo salga bien son poquitas.

Pues bueno, la cosa se ha puesto un poco más fea porque no me han aprobado el proyecto del TFG y tengo que remodelarlo o pensar otro. ¿Que el que propuse era una mierda porque no tenía ganas de pensar y no se me ocurría nada? Sí. Y esto es muy importante para todo aquél que entienda mi filosofía estudiantil. Lo primero cuando pasan estas cosas es asumir la responsabilidad. Somos un puto desastre y lo sabemos, pero esto no significa que debamos cambiar, sino que debemos esmerarnos más en solventar el problema.

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Ahora que estoy acabando el diario de hoy (00:52), tengo que confesar que todavía no he empezado lo que tenía calendarizado para hacer. La primera ficha del dominó está cayendo, y yo estoy “agarrant parotets” en vez de enderezarla (me encanta esa expresión).

Pero bueno, ¿Qué es lo único más bonito que hacer un calendario surrealista pero aparentemente perfecto? Exacto, no cumplirlo y rehacerlo siendo aún más optimista.

Que no decaiga esto.

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Xavi vive solo

Como dije, hace dos años que no vivo con mis padres. En estos dos años, he aprendido que cada lavadora es un mundo, que cocinar no es tan difícil si te lo tomas con humor y que las tareas de la casa siempre son menos tareas con música. La música es una de esas cosas sin las que vivir solo no sería lo mismo. Ya apuntaba maneras cuando me quedaba solo en casa de mis padres, poniendo el portátil a tope de volumen con Mambo Nº5 o algún otro hit de los que mola bailar solo. (No soy yo, pero como si fuese Tom Cruise)

Estando solo he llegado a la sublimación de no hacer nada, a la mera contemplación, y también a algunas ideas que, de llevarlas a cabo, revolucionarían el mundo (tanto a lo mejor no, pero eran cosas divertidas). Supongo que no soy el único que tiene ideas brillantes que se pierden entre gilipolleces y al final acaban pareciéndose mucho.

El caso es que he decidido escribir esta entrada justo cuando he vuelto a casa por Navidad, cuando tengo a mi hermano al lado contándome las características de cada uno de los trescientos Pokémon de la 7ª generación. Aprovecho para mandar un mensaje: Señoras y señores de Nintendo, ya vale. Esperaba cambios, y me he encontrado con que mi habitación es más grande y que me van a expropiar el 50% de ella. Tampoco pasa nada.

He vuelto a abrir la nevera más llena de comida que he visto desde septiembre, y me he fijado en los imanes de la puerta. Procedo: Hay dos imanes descoloridos de Coca-Cola que yo mismo coloqué hace algún que otro año, dos imanes de Mr. Wonderful que compró mi madre y tres que nos regalaron en una pizzería (me gusta que la pizza esté por encima de ese señor que siempre aparenta estar feliz). Quiero mandar otro mensaje: Mr. Wonderful, espabila. También hay un imán de Finlandia de aquella vez que no estuve en Finlandia y dos imanes negros que sujetan hojas de dietas y planes de comidas semanales (me sigo alegrando de que la pizza siga siendo mayoría).

Visto lo visto en estos días, ir a casa a comer la paella de los domingos (tradiciones de Valencia) no es tan mala idea. Vivir solo tampoco es mala idea, al menos intentarlo, para aprender y disparar el ingenio y la creatividad de uno.

PD: También hay que limpiar. Aunque duela.imbecil.