Xavi “casi” no llega

Mi vida se sitúa, en gran parte, en esa maravillosa zona vital que es el “casi”. Cuando iba en tren todas las mañanas a la universidad, “casi” lo perdía muchos días (y “casi” lo cogía alguno). Ahora que vivo de alquiler, “casi” no llego a fin de mes. Ha habido veces en las que “casi” me ponen matrícula de honor, y otras en las que “casi” suspendo. Cuando de pequeño parecía que iba a llegar sobrado, “casi” no paso de 1’70 de alto.

A veces es bonito tener esa incertidumbre. Tenerlo todo claro a la primera debe ser aburrido, y cuando la vida te da sorpresas (como a Pedro Navaja, sí, pero no tan drásticas), tanto para bien como para mal, la cosa se anima un poco. Por otra parte, tampoco estaría mal que el karma, o el universo, o quien sea, si está leyendo esto, no me jodiera hasta el último momento en determinadas cosas.

También he de admitir que tengo parte de culpa, pero todo el mundo sabe (y los que compartimos filosofía de vida sabemos) que no hay nada como hacer algo con el agua al cuello y que te salga bien. Quiero hacer especial mención aquí a Jordi, a Puchades, a Ximo y a Luis. Con ellos he hecho más trabajos de clase que con nadie, y la relación “calidad-tiempo restante para la entrega” que conseguimos como equipo no la he vivido con nadie más.

Después están los que voy a llamar “casi” psicológicos. Son esas cosas a las que no has llegado ni de lejos, pero te queda la sensación de que te ha faltado un pelo. Lo que El Niño de la Hipoteca explica, más o menos, aquí. Llegar a algún sitio en el mundo de la música es mi “casi” psicológico (el que se me ocurre ahora, vamos). Seguro que muchas personas tendrán casos similares, o me gusta pensar que sí, aunque solo sea para no sentirme como un puto loco.

Lo que siempre he tenido claro es que lo importante es participar, que más vale un “casi” que una hostia con la mano abierta o una pedrada en la cabeza, y que hay que pasárselo bien.

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Xavi intenta vivir sin trabajar

Os lo adelanto al principio para que leáis el resto traquilamente: no se puede. Si no queréis trabajar lo tendrá que hacer vuestra familia para salvaros el culo, pero vivir sin dar un palo al agua no es factible.

Incluso cuando tu jefe es el Estado, te paga por un rendimiento académico. Si no llegas a objetivos, hasta luego sueldo. No hace falta decir que si pretendes dejar de comer regular, de emborracharte con kalimotxo marca Simply y de ir a pie a todos los sitios a 3km a la redonda, tienes que hacer algo.

Ahora viene lo bueno: ¿Y qué hago? Si buscas “algo de lo tuyo”, estás jodido porque no vas a cobrar. Si buscas “cualquier cosa”, estás jodido porque te van a joder. Efectivamente, trabajar es una mierda como un piano. Con este panorama, escribo artículos de mierda sobre temas que me la refanfinflan y de los que no tengo ni idea. Me pagan menos de 1’50€ por artículo, con al menos 160 palabras y el enfoque que monsieur quiera.

También estuve una semana trabajando en San Sebastián, haciendo algo menos de 12 horas al día, con un frío de estos que los pingüinos salen a hacer deporte. A Rubén (mi compañero de piso, con el que fui allá) se le salió el líquido de la rodilla que tiene operada. A mí también se me salió el líquido, pero de media botella de batido, dentro de la mochila, y me manché los pantalones de ir a trabajar. También me dejé la carpeta con trabajos de clase en el hostal donde estuvimos, y aprendí que en la ciudad más cara de España, la mejor relación calidad-precio en cuanto a comida está en los salones de juego.

Dicho esto, tengo que estar agradecido a la gente del hostal, que se portó muy bien con nosotros. Me pusieron el pantalón en la secadora y me enviaron por correo de vuelta la carpeta (que todavía huele a batido rancio). Conocimos a gente muy maja de todo el mundo y nos ahorramos una sesión de masajista durmiendo en esas camas, que tenían muelles como puños de estibador.

En resumen, hay que valorar más las experiencias profesionales por experiencias que por profesionales. Y no desistir nunca de intentar vivir sin trabajar.

PD: Si alguien tiene la fórmula, que se ponga el contacto conmigo. Solo actos lícitos, por favor.

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Xavi vive solo

Como dije, hace dos años que no vivo con mis padres. En estos dos años, he aprendido que cada lavadora es un mundo, que cocinar no es tan difícil si te lo tomas con humor y que las tareas de la casa siempre son menos tareas con música. La música es una de esas cosas sin las que vivir solo no sería lo mismo. Ya apuntaba maneras cuando me quedaba solo en casa de mis padres, poniendo el portátil a tope de volumen con Mambo Nº5 o algún otro hit de los que mola bailar solo. (No soy yo, pero como si fuese Tom Cruise)

Estando solo he llegado a la sublimación de no hacer nada, a la mera contemplación, y también a algunas ideas que, de llevarlas a cabo, revolucionarían el mundo (tanto a lo mejor no, pero eran cosas divertidas). Supongo que no soy el único que tiene ideas brillantes que se pierden entre gilipolleces y al final acaban pareciéndose mucho.

El caso es que he decidido escribir esta entrada justo cuando he vuelto a casa por Navidad, cuando tengo a mi hermano al lado contándome las características de cada uno de los trescientos Pokémon de la 7ª generación. Aprovecho para mandar un mensaje: Señoras y señores de Nintendo, ya vale. Esperaba cambios, y me he encontrado con que mi habitación es más grande y que me van a expropiar el 50% de ella. Tampoco pasa nada.

He vuelto a abrir la nevera más llena de comida que he visto desde septiembre, y me he fijado en los imanes de la puerta. Procedo: Hay dos imanes descoloridos de Coca-Cola que yo mismo coloqué hace algún que otro año, dos imanes de Mr. Wonderful que compró mi madre y tres que nos regalaron en una pizzería (me gusta que la pizza esté por encima de ese señor que siempre aparenta estar feliz). Quiero mandar otro mensaje: Mr. Wonderful, espabila. También hay un imán de Finlandia de aquella vez que no estuve en Finlandia y dos imanes negros que sujetan hojas de dietas y planes de comidas semanales (me sigo alegrando de que la pizza siga siendo mayoría).

Visto lo visto en estos días, ir a casa a comer la paella de los domingos (tradiciones de Valencia) no es tan mala idea. Vivir solo tampoco es mala idea, al menos intentarlo, para aprender y disparar el ingenio y la creatividad de uno.

PD: También hay que limpiar. Aunque duela.imbecil.